|

Hermano
Kenneth Kunditani
Lugar:
Ghana, República de Ghana
A pesar
de que el hermano Kenneth Kunditani siempre soñaba convertirse
en sacerdote, la decisión final no fue nada fácil.
Siempre quiso destacarse y ser respetado por su fortuna, pero al
mismo tiempo sabía que eso no le daría la felicidad
y satisfacción que deseaba.
| Me
tomó mucho tiempo comprender que no necesitaba a nadie más
que a Dios para llenar el vacío que sentía. Tenía
dentro de mi un “lugar sagrado” reservado para Dios
y solo para Él. |
Esta
es su historia. . .
Cuando
era muy niño y como monaguillo, lo único que ocupaba
mi mente era ser sacerdote. En 1977, después que completé
la escuela media, mi madre quiso que asistiera al Instituto Vocacional
St. Basilide para estudiar ebanistería y carpintería.
Y yo me preguntaba, ¿cómo puede un carpintero convertirse
en sacerdote?
En
realidad, mi madre no podía pagar mi matriculación
de la escuela secundaria y ninguna de nuestras relaciones estaba
dispuesta a ayudarla. A mi edad, yo creía que la única
manera de ser sacerdote era cursando la escuela secundaria.
En
la senda de los jóvenes seminaristas
Los jóvenes seminaristas de mi parroquia causaron
una impresión muy profunda en mi. Merecían mi mayor
respecto y deseaba fervientemente ser uno de ellos. Desde pequeño
traté de cultivar su modo de vivir pero la vida mundana después
de clases ejerció una gran influencia sobre mi. Fue entonces
cuando reconocí que en mi vida existía un gran vacío
que debía llenar.
Ambiciones
mundanas y descontento
Como muchos otros, siempre fui muy ambicioso y creí tener
el talento y las agallas para conseguir lo que me propusiera. Pero
en lo más profundo de mi ser sentía que me faltaba
algo, un vacío imposible de llenar que me provocaba gran
descontento.
La
única manera en que me sentiría conforme sería
apartándome de la actividad mundana. Consideré mis
obligaciones cristianas muy seriamente, pero al ver que mi camino
me llevaba a un promisorio futuro, no me veía vistiendo un
hábito religioso. Esto me confundió mucho más
porque realmente quería que Dios llenase ese espacio dentro
de mí.
Satisfacción
y felicidad al abandonar las ambiciones
La idea de ingresar en una orden religiosa comenzó a absorber
mis pensamientos. Al mismo tiempo, deseaba triunfar y convertirme
en una persona respetada por su riqueza. El reconocimiento de que
la única manera de alcanzar una felicidad y satisfacción
verdadera era el abandono de esas ambiciones y la opción
por una vida de pobreza, castidad y obediencia se hizo cada vez
más grande. Este fue un momento muy difícil de mi
vida. Con la orientación de gente muy especial y con la ayuda
de la reflexión por medio de oraciones encontré el
valor para hacerlo.
|